habiamos traido, que llevaron la misma nueva, que todos los cuatro indios que quedaron en las canoas, como dicho tengo, que éramos muertos; y estos, de que nos vieron heridos é los dos muertos, se fueron huyendo y nos dejaron en la pelea, y en pocos dias llegaron á Guacacualco; y como no pareciamos ni habia nueva de nosotros, creyeron que éramos muertos, como los indios dijeron; y como era costumbre de Indias y en aquella sazon se usaba, ya habia repartido el capitan Luis Marin en otros conquistadores nuestros pueblos, hecho mensajeros á Cortés para enviar las cédulas de encomienda, y aun vendido nuestras haciendas, y al cabo de veinte y tres dias aportamos á la villa; de lo cual se holgaron nuestros amigos, mas á quien les habia dado nuestros indios les pesó; y viendo el capitan Luis Marin que no podiamos apaciguar aquellas provincias, y mataban muchos de nuestros soldados, acordó de ir á Méjico á demandar á Cortés más soldados y socorro y pertrechos de guerra, y mandó que entre tanto que iba no saliésemos de la villa ningunos vecinos á los pueblos léjos, si no fuese á los que estaban cuatro ó cinco leguas de allí, para traer comida.
Pues llegado á Méjico, dió cuenta á Cortés de todo lo acaecido, y entónces le mandó que volviese á Guacacualco, y envió con él treinta soldados, y entre ellos á un Alonso de Grado, por mí muchas veces nombrado; á fray Juan de las Varillas, que habia venido con Zuazo, que era gran estudiante, que solia decir habia estudiado en su colegio de la Veracruz de Salamanca, de donde era, y decian que de muy noble linaje; y le mandó que con todos los vecinos que estábamos en la villa y los soldados que traia consigo fuésemos á la provincia de Chiapa, que estaba de guerra, que la pacificásemos y poblásemos una villa; y como el capitan Luis Marin vino con estos despachos, nos apercebimos todos, así los que estábamos allí poblados como los que traian de nuevo, y comenzamos á abrir caminos, porque eran montes y ciénagas muy malas, y echábamos en ellas maderos y ramos para poder pasar los caballos, y con gran trabajo fuimos á salir á un pueblo que se dice Tezpuntlan, que hasta entónces por el rio arriba soliamos ir en canoas, que no habia otro camino abierto;