Pues como vimos que por nosotros habia acaecido aquel desman, desde allí adelante procurábamos de tapar y cegar aquella abertura; y aunque fué con harto trabajo y heridas que sobre ella nos daban los contrarios, é muerte de seis soldados, en cuatro dias la tuvimos cegada, y en las noches sobre ella misma velábamos todas las tres capitanías, segun la órden que dicho tengo y quiero decir que entónces, como los mejicanos estaban junto á nosotros cuando velábamos, que tambien ellos tenian sus velas, y por cuartos se mudaban, y era desta manera: que hacian grande lumbre, que ardia toda la noche, y los que velaban estaban apartados de la lumbre, y desde léjos no les podiamos ver, porque con la claridad de la leña, que siempre ardia, no podiamos ver los indios que velaban; más bien sentiamos cuando se remudaban y cuando venian á atizar su leña; y muchas noches habia que, como llovia en aquella sazon mucho, les apagaba la lumbre, y la tornaban á encender, y sin hacer rumor ni hablar entre ellos palabra, se entendian con unos silbos que daban.
Tambien quiero decir que nuestros escopeteros y ballesteros, muchas veces cuando sentiamos que se venian á trocar las velas, les tiraban á bulto, é piedras y saetas perdidas, y no les haciamos mal, porque estaban en parte que, aunque de noche quisiéramos ir á ellos, no podiamos, con otra gran abertura de zanja bien honda que habian abierto á mano, é albarradas y mamparos que tenian; é tambien ellos nos tiraban á bulto mucha piedra é vara y flecha.
Dejemos de hablar destas velas, é digamos cómo cada dia íbamos por nuestra calzada adelante, peleando con muy buen concierto, y les ganaron la abertura que he dicho donde velaban; y era tanta la multitud de los contrarios que contra nosotros cada dia venian, y la vara, flecha y piedra que tiraban, que nos herian á todos, aunque íbamos con gran concierto y bien armados.
Pues ya que se habia pasado todo el dia batallando, y se venia la tarde, y no era coyuntura para pasar más adelante, sino volvernos retrayendo, en