Y volvamos á decir de los grandes combates que nos daban, que Montezuma se puso á un petril de una azutea con muchos de nuestros soldados que le guardaban, y les comenzó á hablar á los suyos con palabras muy amorosas, que dejasen la guerra, que nos iriamos de Méjico; y muchos principales mejicanos y capitanes bien le conocieron, y luego mandaron que callasen sus gentes y no tirasen varas ni piedras ni flechas, y cuatro dellos se allegaron en parte que Montezuma les podia hablar, y ellos á él, y llorando le dijeron:
—«¡Oh señor, é nuestro gran señor, y cómo nos pesa de todo vuestro mal y daño, y de vuestros hijos y parientes! Hacemos os saber que ya hemos levantado á un vuestro primo por señor.»
Y allí le nombró cómo se llamaba, que se decia Coadlauaca, señor de Iztapalapa, que no fué Guatemuz, el cual desde á dos meses fué señor.
Y más dijeron, que la guerra que la habian de acabar, y que tenian prometido á sus ídolos de no lo dejar hasta que todos nosotros muriésemos; y que rogaban cada dia á su Huichilóbos y á Tezcatepuca que le guardase libre y sano