habia en nuestro real dos Ramirez, y traia sobre cuarenta soldados y diez caballos é yeguas, y ballesteros y otras armas; y el Francisco de Garay no hacia sino echar unos navíos tras de otros al perdido y todo era favorecer y enviar socorro á Cortés, tan buena fortuna le ocurria, y á nosotros era de gran ayuda; y todos estos de Garay que dicho tengo fueron á Tepeaca, adonde estábamos; y porque los soldados que traia Miguel Diaz de Auz venian muy recios y gordos, les pusimos por nombre los de los lomos recios; y los que traia el viejo Ramirez traian unas armas de algodon de tanto gordor, que no las pasara ninguna flecha, y pesaban mucho, y pusímosles por nombre los de las albardillas; y cuando fueron los capitanes que dicho tengo delante de Cortés les hizo mucha honra.
Dejemos de contar de los socorros que teniamos de Garay, que fueron buenos, y digamos cómo Cortés envió á Gonzalo de Sandoval á una entrada á unos pueblos que se dicen Xalacingo y Cacatami.