dar, porque dijo que él lo habia prendido, y no el Sandoval; y el Sandoval dijo que así era verdad, y que él era general de los bergantines, y que el Holguin venia debajo de su dominio é mando, y que por ser su amigo se lo habia mandado, y tambien porque era su bergantin muy ligero, más que los otros; é mandó que le siguiesen y le prendiesen, y que al Sandoval, como á su general, le habia de dar el prisionero; y el Holguin todavía porfiaba que no queria; y en aquel instante fué otro bergantin á gran priesa á Cortés á demandalle albricias, que, como dicho tengo, estaba muy cerca, en el Tatelulco, mirando desde el cu mayor cómo entraba el Sandoval; y entónces le contaron la diferencia que traia Sandoval con el Holguin sobre tomalle el prisionero; y cuando Cortés lo supo, luego despachó al capitan Luis Marin y á Francisco de Lugo para que luego hiciesen venir al Gonzalo de Sandoval y al Holguin, sin más debatir, é que trajese al Guatemuz, y á la mujer y familia con mucho acato, porque él determinaria cúyo era el prisionero y á quien se habia de dar la honra dello; y entre tanto que le fueron á llamar, hizo aderezar Cortés un estrado lo mejor que pudo con petates y mantas y otros asientos, y mucha comida de lo que Cortés tenia para sí, y luego vino el Sandoval y Holguin con el Guatemuz, y le llevaron ante Cortés; y cuando se vió delante dél le hizo mucho acato, y Cortés con alegría le abrazó, y le mostró mucho amor á él y á sus capitanes; y entónces el Guatemuz dijo á Cortés:
—«Señor Malinche, ya yo he hecho lo que estaba obligado en defensa de mi ciudad y vasallos, y no puedo más; y pues vengo por fuerza y preso ante tu persona y poder, toma luego ese puñal que traes en la cinta y mátame luego con él.»
Y esto cuando se lo decia lloraba muchas lágrimas con sollozos, y tambien lloraban otros grandes señores que consigo traia; y Cortés le respondió con doña Marina y Aguilar, nuestras lenguas, y dijo muy amorosamente que por haber sido tan valiente y haber vuelto y defendido su ciudad se le tenia en mucho y tenia en más á su persona, y que no es digno de culpa