sus aliados, todos los de aquellas comarcas, para pelear con nosotros; y Cortés nos apercibió que fuésemos muy alerta y saliésemos de aquel pueblo donde dormimos, que se dice Chimaluacan, despues de haber oido Misa, que fué bien de mañana; y con mucho concierto fuimos caminando entre unos peñascos y por medio de dos sierrezuelas, que en ellas habia fortalezas y mamparos, donde habia muchos indios é indias recogidos é hechos fuertes; y dende su fortaleza nos daban gritos é voces y alaridos, y nosotros no curamos de pelear con ellos, sino callar y caminar y pasar adelante hasta un pueblo grande que estaba despoblado, que se dice Yautepeque, y tambien pasamos de largo; y llegamos á un llano donde habia unas fuentes de muy poca agua, é á una parte estaba un gran peñol con una fuerza muy mala de ganar, segun luego pareció por la obra; y como llegamos en el paraje del peñol, porque vimos que estaba lleno de guerreros, y de lo alto dél nos daban gritos y tiraban piedras é varas y flechas, y hirieron tres soldados de los nuestros, entónces mandó Cortés que reparásemos allí, é dijo:
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CAPÍTULO CXLIV.
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