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nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IIPublic
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CAPÍTULO CXXII.

Y Cortés le respondió que daba muchas gracias á Dios, que se la dió, y por los esforzados caballeros y compañeros que tenia, que fueron parte para ello. É que una de las menores cosas que en la Nueva-España ha hecho es prendelle y desbaratalle; y que si le ha parecido bien tener atrevimiento de prender á un oidor de su majestad.

Y cuando hubo dicho esto se fué de allí, que no le habló más, y mandó á Sandoval que le pusiese buenas guardas, y que él no se quitase dél con personas de recaudo; ya le teniamos echado dos pares de grillos y le llevábamos á un aposento, y puestos soldados que le habiamos de guardar, y á mí me señaló Sandoval por uno dellos, y secretamente me mandó que no dejase hablar con él á ninguno de los de Narvaez hasta que amaneciese, que Cortés le pusiese más en cobro.

Dejemos desto, y digamos cómo Narvaez habia enviado cuarenta de á caballo para que nos estuviesen aguardando en el paso del rio cuando viniésemos á su real, como dicho tengo en el capítulo que dello habla, y supimos que andaban todavía en el campo; tuvimos temor no nos viniesen á acometer para nos quitar sus capitanes é al mismo Narvaez que teniamos presos, y estábamos muy apercebidos; y acordó Cortés de les enviar á pedir por merced que se viniesen al real, con grandes ofrecimientos que á todos prometió; y para los traer envió á Cristóbal de Olí, que era nuestro maestre de campo, é á Diego de Ordás, y fueron en unos caballos que tomaron de los de Narvaez, que de todos los nuestros no trajimos ningunos, que atados quedaron en un montecillo junto á Cempoal; que no trajimos sino picas, espadas y rodelas y puñales; y fueron al campo con un soldado de los de Narvaez, que les mostró el rastro por donde habian ido, y se toparon con ellos; y en fin, tantas palabras de ofertas y ofrecimientos les dijeron por parte de Cortés, y ántes que llegasen á nuestro real ya era de dia claro; y sin decir cosa ninguna Cortés ni ninguno de nosotros á los atabaleros que el Narvaez traia, comenzaron á tocar los atabales y á tañer sus pífaros y tambores, y decian:

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