señal que cuando aquella se tocase era que habian de pelear sus capitanes de manera que hiciesen presa ó morir sobre ello, y retumbaba el sonido que se metia en los oidos; y de que lo oyeron aquellos sus escuadrones y capitanes, saber yo aquí decir ahora con qué rabia y esfuerzo se metian entre nosotros á nos echar mano, es cosa de espanto, porque yo no lo sé aquí escribir; que ahora que me pongo á pensar en ello, es como si visiblemente lo viese; mas vuelvo á decir, y ansí es verdad, que si Dios no nos diera esfuerzo, segun estábamos todos heridos, él nos salvó, que de otra manera no nos podiamos llegar á nuestros ranchos; y le doy muchas gracias y loores por ello, que me escapó aquella vez y otras muchas de poder de los mejicanos.
Y volviendo á nuestra plática: allí los de á caballo hacian arremetidas; y con dos tiros gruesos que pusimos junto á nuestros ranchos, unos tirando y otros cebando, nos sosteniamos, porque la calzada estaba llena de bote en bote de contrarios y nos venian hasta las casas, como cosa vencida, á echarnos vara y piedra; y como he dicho, con aquellos tiros matábamos muchos dellos; y quien bien ayudó