Pues Cervantes el loco y Escalonilla, que son los que se pasaron al Narvaez que habian sido de los nuestros, tampoco libraron bien, que Escalona salió bien herido, y el Cervantes bien apaleado, é ya he dicho que murió el Carretero.
Vamos á los del aposento de Salvatierra, el muy fiero, que dijeron sus soldados que en toda su vida vieron hombre para ménos ni tan cortado de muerte cuando nos oyó tocar al arma y cuando deciamos:
—«Vitoria, vitoria; que muerto es Narvaez.»
Dicen que luego dijo que estaba muy malo del estómago, é que no fué para cosa ninguna. Esto lo he dicho por sus fieros y bravear; y de los de su compañía tambien hubo heridos.
Digamos del aposento del Diego Velazquez y otros capitanes que estaban con él, que tambien hubo heridos, y nuestro capitan Juan Velazquez de Leon prendió al Diego Velazquez, aquel con quien tuvo las bregas estando comiendo con el Narvaez, y le llevó á su aposento y le mandó curar y hacer mucha honra.
Pues ya he dado cuenta de todo lo acaecido en nuestra batalla, digamos agora lo que más se hizo.