condicionado, se desconcertó en hablar; y quien se metia en medio y lo revolvia todo era el escribano Diego de Godoy.
Por manera que Luis Marin los echó presos al uno y al otro, y con grillos y cadenas los tuvo seis ó siete dias presos, y acordó de enviar á Alonso de Grado á Méjico preso, y al Godoy con ofertas y prometimientos y buenos intercesores le soltó; y fué peor, que se concertaron luego el Grado y el Godoy de escribir desde allí á Cortés muy en posta, diciendo muchos males de Luis Marin, y aun Alonso de Grado me rogó á mí que de mi parte escribiese á Cortés, y en la carta le disculpase al Grado, porque le decia el Godoy al Grado que Cortés en viendo mi carta le daria crédito, y no dijese bien del Marin; é yo escribí lo que me pareció que era verdad, y no culpando al capitan Marin; y luego envió preso á Méjico al Alonso de Grado, con juramento que le tomó que se presentaria ante Cortés dentro de ochenta dias, porque desde Cinacatan habia por la via y camino que venimos sobre ciento y noventa leguas hasta Méjico.
Dejemos de hablar de todas estas revueltas y embarazos; é ya partido el Alonso de Grado, acordamos de ir á castigar á los de Cimatan, que fueron en matar los dos soldados cuando me escapé yo y Francisco Martin, vizcaino, de sus manos; é yendo que íbamos caminando para unos pueblos que se dicen Tapelola, é ántes de