Sandoval los vió venir de aquella manera hubo mucho placer por ver que le habian quitado aquel cuidado, porque creyó que estuviera en Tlascala algunos dias detenido, esperando á salir con toda la madera y tablazon; y así como venian, con el mismo concierto fueron dos dias caminando, hasta que entraron en tierra de mejicanos, y les daban gritos desde las estancias y barrancas, y en partes que no les podian hacer mal ninguno los nuestros con caballos ni escopetas.
Entónces dijo el Martin Lopez, que lo traia todo á cargo, que seria bien que fuesen con otro recaudo que hasta entónces venian, porque los tlascaltecas le habian dicho que temian aquellos caminos no saliesen de repente los grandes poderes de Méjico y les desbaratasen, como iban cargados y embarazados con la madera y bastimentos; y luego mandó Sandoval repartir los de á caballo y ballesteros y escopeteros, que fuesen unos en la delantera y los demás en los lados; y mandó á Chichimecatecle, que iba por capitan delante de todos los tlascaltecas, que se quedase detrás para ir en la retaguarda juntamente con el Gonzalo de Sandoval; de lo cual se afrentó aquel cacique, creyendo que no le tenian por esforzado; y tantas cosas le dijeron sobre aquel caso, que lo hubo por bueno viendo que el Sandoval quedaba juntamente con él, y le dieron á entender que siempre los mejicanos daban en el fardaje, que quedaba atrás; y como lo hubo bien entendido, abrazó al Sandoval y dijo que le hacian honra en aquello.
Dejemos de hablar en esto, y digamos que en otros dos dias de camino llegaron á Tezcuco, y ántes que entrasen en aquella ciudad se pusieron muy buenas mantas y penachos, y con atambores y cornetas, puestos en ordenanza, caminaron, y no quebraron el hilo en más de medio dia que iban entrando y dando voces y silbos y diciendo:
—«Viva, viva el Emperador, nuestro señor, y Castilla, Castilla, y Tlascala, Tlascala.»