guerreros para que, unos por una parte y otros por otra, tuviesen manera que no saliésemos de aquella ciudad con las vidas ninguno de nosotros.
Tambien habia apercebido otros diez mil hombres para les enviar de refresco cuando estuviesen dándonos guerra, y esto se supo otro dia de cinco capitanes mejicanos que en las batallas prendimos; y mejor lo ordenó nuestro Señor Jesucristo; porque así como vino aquella gran flota de canoas, luego se entendió que venian contra nosotros, y acordóse que hubiese muy buena vela en todo nuestro real, repartido á los puertos y acequias por donde habian de venir á desembarcar, y los de á caballo muy á punto toda la noche, ensillados y enfrenados, aguardando en la calzada y tierra firme, y todos los capitanes, y Cortés con ellos, haciendo vela y ronda toda la noche, é á mí é á otros diez soldados nos pusieron por velas sobre unas paredes de cal y canto, y tuvimos muchas piedras é ballestas y escopetas y lanzas grandes adonde estábamos, para que si por allí, en unas acequias que era desembarcadero, llegasen canoas, que los resistiésemos é hiciésemos volver, é á otros soldados pusieron en guarda en otras acequias.