en casa, y eran tan solícitos, que las hallaron, y las más dellas no quisieron ir con sus padres ni madres ni maridos, sino estarse con los soldados con quien estaban, y otras se escondian, y otras decian que no querian volver á idolatrar, y aun algunas dellas estaban ya preñadas; y desta manera, no llevaron sino tres, que Cortés mandó expresamente que las diesen.
Dejemos desto, y digamos que luego mandó hacer unas atarazanas y fortaleza en que estuviesen los bergantines, y nombró alcaide que estuviese en ellas, y paréceme que fué á Pedro de Albarado, hasta que vino de Castilla un Salazar que se decia de la Pedrada.
Digamos de otra materia: cómo se recogió todo el oro y plata y joyas que se hubieron en Méjico, é fué muy poco, segun pareció, porque todo lo demás hubo fama que lo mandó echar Guatemuz en la laguna cuatro dias ántes que se prendiese; é que demás desto, que lo habian robado los tlascaltecas y los de Tezcuco y Guaxocingo y Cholula, y todos los demás de nuestros amigos que estaban en la guerra; y demás desto, que los que andaban en los bergantines robaron su parte; por manera que los oficiales del Rey decian y publicaban que Guatemuz lo tenia escondido, y Cortés holgaba dello de que no lo diese, por habello él todo para sí; é por estas causas acordaron de dar tormento á Guatemuz y al señor de Tacuba, que era su primo y gran privado; y ciertamente le pesó mucho á Cortés, porque á un señor como Guatemuz, Rey de tal tierra, que es tres veces más que Castilla, le atormentasen por codicia del oro, que ya habian hecho pesquisas sobre ello, y todos los mayordomos de Guatemuz decian que no habia más de lo que los oficiales del Rey tenian en su poder, y eran hasta trecientos y ochenta mil pesos de oro, porque ya lo habian fundido y hecho barras; y de allí se sacó el real quinto, é otro quinto para Cortés; y como los conquistadores que no estaban bien con Cortés vieron tan poco oro, y al tesorero Julian de Alderete le decian algunos dellos que tenian sospecha que por quedarse Cortés con el oro no querian que prendiesen al Guatemuz ni le diesen tormento; y porque no