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nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IIPublic
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CAPÍTULO CLXII.

Cortés, viendo aquellas cartas, tuvo lástima del Garay, y le respondió con mucha mansedumbre, y que le pesaba de todos sus trabajos, y que se venga á Méjico, que le promete que en todo lo que pudiere ayudar lo hará de muy buena voluntad, y que á la obra se remite; y mandó que por do quiera que viniese le hiciesen honra y le diesen todo lo que hubiese menester, y aun le envió al camino refresco; y cuando llegó á Tezcuco le tenian hecho un banquete; y llegado á Méjico, el mismo Cortés y muchos caballeros les salieron á recebir, y el Garay iba espantado de ver tantas ciudades, y más cuando vió la gran ciudad de Méjico; y luego Cortés lo llevó á sus palacios, que entónces nuevamente los hacia; y despues que se hubieron comunicado él y el Garay, el Garay le contó sus desdichas y trabajos, encomendándole que por su mano fuese remediado; y el mismo Cortés se le ofreció muy de voluntad, y fray Bartolomé y Pedro de Albarado y Gonzalo de Sandoval le fueron buenos medianeros; y de ahí á tres ó cuatro dias que hubo llegado, porque la amistad suya fuese más duradera y segura, trató fray Bartolomé que se casase una hija de Cortés, que se decia doña Catalina Cortés é Pizarro, que era niña, con un hijo

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