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nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IIPublic
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CAPÍTULO CXXXVII.

Dejemos de contar su gran servicio de aqueste cacique, y digamos cuán amado y obedecido fué de los suyos, y digamos cómo Cortés le demandó que diese mucha copia de indios trabajadores para ensanchar y abrir más las acequias y zanjas por donde habiamos de sacar los bergantines á la laguna de que estuviesen acabados y puestos á punto para ir á la vela, y se le dió á entender al mismo don Hernando y á otros sus principales á qué fin y efeto se habian de hacer, y cómo y de qué manera habiamos de poner cerco á Méjico, y para todo ello se ofreció con todo su poder y vasallos, que no solamente aquello que le mandaba, sino que enviaria mensajeros á otros pueblos comarcanos para que se diesen por vasallos de su Majestad y tomasen nuestra amistad y voz contra Méjico.

Y todo esto concertado, despues de nos haber aposentado muy bien, y cada capitanía por sí, y señalados los puestos y lugares donde habiamos de acudir si hubiese rebato de mejicanos, porque estábamos á guarda la raya de su laguna, porque de cuando en cuando enviaba Guatemuz grandes piraguas y canoas con muchos guerreros, y venian á ver si nos tomaban descuidados; y en aquella sazon vinieron de paz ciertos pueblos sujetos á Tezcuco, á demandar perdon y paz si en algo habian errado en las guerras pasadas, y habian sido en la muerte de los españoles, los cuales se decian Guatinchan; y Cortés les habló á todos muy amorosamente y les perdonó.

Quiero decir que no habia dia ninguno que dejasen de andar en la obra y zanja y acequia de siete á ocho mil indios, y la abrian y ensanchaban muy bien, que podian nadar por ella navíos de gran porte.

Y en aquella sazon, como teniamos en nuestra compañía sobre siete mil tlascaltecas, y estaban deseosos de ganar honra y de guerrear contra mejicanos, acordó Cortés, pues que tan fieles compañeros teniamos, que

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