»Pues en las batallas de Tlascala en qué punto nos pusieron y cuáles nos traian; pues la de Cholula ya tenian puestas las ollas para comer nuestros cuerpos; pues á la subida de los puertos no se les habia olvidado los poderes que tenia Montezuma para no dejar ninguno de nosotros, y bien vieron los caminos todos llenos de pinos y árboles cortados; pues los peligros de la entrada y estada en la gran ciudad de Méjico, cuántas veces teniamos la muerte al ojo, ¿quién los podrá ponderar? Pues vean los que han venido de vuestras mercedes dos veces primero que no yo, la una con Francisco Hernandez de Córdoba y la otra con Juan de Grijalva, los trabajos, hambres y sedes, heridas y muertes de muchos soldados que en descubrir aquestas tierras pasastes, y todo lo que en aquellos dos viajes habeis gastado de vuestras haciendas.»
Y dijo que no queria contar otras muchas cosas que tenia por decir por menudo, y no habria tiempo para acaballo de platicar, porque era tarde y venia la noche; y más dijo:
—«Digamos ahora, señores: Pánfilo de Narvaez viene contra nosotros con mucha rabia y deseo de nos haber á las manos, y no habian desembarcado, y nos llamaban de traidores y malos; y envió á decir al gran Montezuma, no palabras de sábio capitan, sino de alborotador; y demás desto, tuvo atrevimiento de prender á un oidor de su majestad, que por sólo este delito es digno de ser castigado. Ya habrán oido cómo han pregonado en su real guerra contra nosotros á ropa franca, como si fuéramos moros.»
Y luego, despues de haber dicho esto Cortés, comenzó á sublimar nuestras personas y esfuerzos en las guerras y batallas pasadas, y que entónces peleábamos por salvar nuestras vidas, y que ahora hemos de pelear con todo vigor por vida y honra, pues nos vienen á prender y echar