vinieron cartas cómo habia entrado un navío en el rio de Aguayalco, que es puerto, aunque no bueno, que estaba de allí quince leguas, y en él venia de la isla de Cuba la señora doña Catalina Xuarez la Marcayda, que así tenia el sobrenombre, mujer que fué de Cortés, y la traia un su hermano Juan Xuarez, el vecino que fué, el tiempo andando, de Méjico, y la Zambrana y sus hijos de Villegas, de Méjico, y sus hijas, y aun la abuela y otras muchas señoras casadas; y aun me parece que entónces vino Elvira Lopez la Larga, mujer que entónces era de Juan de Palma; el cual Palma vino con nosotros, que murió ahorcado, que despues esta Elvira fué mujer de un Arguera; y tambien vino Antonio Dios Dado, el vecino que fué de Guatimala, y vinieron otros muchos que ya no se me acuerdan sus nombres.
Y como el Gonzalo de Sandoval lo alcanzó á saber, él en persona, con todos los más capitanes y soldados, fuimos por aquellas señoras y por todas las más que traia en su compañía.
É acuérdome que en aquella sazon llovió tanto, que no podiamos ir por los caminos ni pasar rios ni arroyos, porque venian muy crecidos, que salieron de madre y habia hecho grandes nortes, y con el mal tiempo, por no andar al través, entraron con el navío en aquel puerto de Aguayalco, y la señora doña Catalina Xuarez la Marcayda y toda su compañía se holgaron con nosotros: luego las trujimos á todas aquellas señoras y su compañía á nuestra villa de Guacacualco, y lo hizo saber el Sandoval muy en posta á Cortés de su venida, y las llevó luego camino de Méjico y fueron acompañándolas el mismo Sandoval y Briones y Francisco de Lugo y otros caballeros.
Y cuando Cortés lo supo, dijeron que le habia pesado mucho de su venida, puesto que no lo demostró y les mandó salir á recebir; y en todos los pueblos les hacian mucha honra hasta que llegaron á Méjico, y en aquella ciudad hubo regocijos y juego de cañas; y dende á obra de tres meses que hubieron llegado oimos decir que esta señora murió de asma.