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nydus/The Great IllusionPublic
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Capítulo I. Exposición de los argumentos económicos a favor de la guerra

aunque inmorales, de la parte victoriosa. Por eso la «inhumanidad» de la guerra ocupa un lugar tan destacado en su propaganda, y por eso insiste tanto en sus horrores y crueldades.

De ello resulta que el mundo cotidiano y aquellos enzarzados en el rudeza y el bullicio de la política práctica han llegado a considerar el ideal de la paz como un consejo de perfección que tal vez se alcance algún día cuando la naturaleza humana, según la frase común, haya sido mejorada hasta desaparecer, pero no mientras la naturaleza humana siga siendo lo que es.

Mientras siga siendo posible arrebatar una ventaja tangible mediante el brazo fuerte de un hombre, dicha ventaja será arrebatada, y ¡ay del hombre que no pueda defenderse!

Tampoco esta filosofía de la fuerza es tan carente de conciencia, tan brutal o tan despiadada como su formulación común haría parecer. Sabemos que en el mundo tal como existe hoy, en ámbitos distintos a los de la rivalidad internacional, la carrera es para los fuertes, y los débiles reciben escasa consideración.

El industrialismo y el comercialismo están tan llenos de crueldades como la guerra misma; crueldades, en verdad, más prolongadas, más refinadas, aunque menos aparentes, y que quizás atraigan menos a la imaginación común que las de la guerra.

Con cuanta reticencia expresemos la filosofía en palabras, todos sentimos que el conflicto de intereses en este mundo es inevitable, y que lo que es un incidente de nuestra vida diaria no debe eludirse como condición de esos ocasionales conflictos titánicos que moldean la historia del mundo.

El hombre viril duda de si debe conmoverse ante el alegato de la «inhumaniad» de la guerra. La mente masculina acepta el sufrimiento, la muerte misma, como un riesgo que todos estamos dispuestos a correr

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