ciudadano de a pie no le afecta materialmente en absoluto la extensión del territorio de su nación, de que la posición material de un ciudadano holandés individual como súbdito de un pequeño Estado no mejorará por el mero hecho de que su Estado sea absorbido por el Imperio alemán —caso en el cual pasaría a ser ciudadano de una gran nación—, del mismo modo su posición moral permanece inalterada; y la idea de que un ruso de a pie se ve «dignificado y engrandecido» cada vez que Rusia conquista algún nuevo puesto avanzado en Asia, o rusifica un Estado como Finlandia, o de que el noruego se vería «dignificado» si su Estado fuera conquistado por Rusia y él pasara a ser ruso, es, por supuesto, pura verborrea sentimental de una índole muy dañina.
Esto se enfatiza aún más cuando recordamos que los mejores hombres de Rusia aguardan con anhelo, no la ampliación, sino la disolución del gigante desgarbado —«estúpido con la estupidez de los gigantes, feroz con su ferocidad»— y el surgimiento en su lugar de una multiplicidad de