comerciantes holandeses, y en términos más duros que al principio, porque los comerciantes holandeses estarían entonces dentro de las líneas aduaneras de los alemanes—; la noción de que se puede eliminar la competencia comercial de los rivales conquistando a dichos rivales es una de las ilustraciones de la curiosa ilusión óptica que subyace al error conceptual que domina este tema.
- La riqueza, la prosperidad y el bienestar de una nación no dependen en modo alguno de su poder político; de otro modo hallaríamos que la prosperidad comercial y el bienestar social de las naciones más pequeñas, que no ejercen ningún poder político, están manifiestamente por debajo del de las grandes naciones que controlan Europa, mientras que este no es el caso. Las poblaciones de Estados como Suiza, Holanda, Bélgica, Dinamarca o Suecia son en todos los sentidos tan prósperas como los ciudadanos de Estados como Alemania, Rusia, Austria y Francia.
La riqueza per cápita de las pequeñas naciones es en muchos casos superior a la de las grandes naciones. Aquí no solo está en juego la cuestión de la seguridad de los pequeños Estados, que —podría argumentarse— se debe a los tratados de neutralidad, sino la cuestión de si el poder político puede convertirse en un sentido positivo en ventaja económica.
- Ninguna otra nación podría obtener ventaja alguna con la conquista de las colonias británicas, y la Gran Bretaña no sufriría daños materiales por su pérdida, por mucho que dicha pérdida fuera lamentada por motivos sentimentales, y por hacer menos fácil una cierta cooperación social útil entre pueblos emparentados.
El uso, en efecto, de la palabra «pérdida» resulta engañoso. Gran Bretaña no «posee» a sus colonias.