Cuando el Sr. Churchill va más allá y afirma que una nación tiene derecho a ser tan fuerte como para garantizar la victoria sobre sus rivales, sabe que si Alemania adoptara su propia doctrina, el resultado seguro sería la guerra.
Previendo semejante objeción, el señor Churchill afirma que el poder preponderante en el mar es un lujo para Alemania y una necesidad para Gran Bretaña; que estos esfuerzos de Alemania son, por decirlo así, un mero capricho de ningún modo dictado por las necesidades reales de su pueblo, y sin que los respalde ningún impulso vinculado a las necesidades nacionales.6
Si tal es la verdad, entonces es el argumento más fuerte que quepa imaginar para la solución de esta rivalidad anglo-alemana mediante un acuerdo: mediante la materialización de esa Reforma Política de Europa cuya urgente necesidad es el propósito de estas páginas.
Aquí están los de la escuela del Sr. Churchill que dicen:
El peligro de agresión por parte de Alemania es tan grande que Inglaterra debe poseer una preponderancia enorme de fuerza —dos a uno—; tan grandes son los riesgos que Alemania está dispuesta a correr, que a menos que la victoria del lado inglés sea segura, atacará.
Y sin embargo, explica esta misma escuela, el impulso que crea estas inmensas cargas e implica estos inmensos riesgos es un mero capricho, un lujo; todo ello está desvinculado de cualquier necesidad nacional real.
Si tal es verdaderamente el caso, entonces ha llegado el momento de emprender una campaña de educación en Europa; el momento de que los sesenta y cinco millones, poco más o menos, de personas trabajadoras y no muy ricas, cuyo apoyo económico es lo único que hace posible esta rivalidad, sepan de qué se trata todo esto.