La causa de la guerra es espiritual, no material... Las grandes guerras surgieron de conflictos sobre derechos, y las causas peligrosas de la guerra son la existencia de ideas antagónicas de derechos o rectitud... Es por las ideas morales que los hombres están más dispuestos a hacer sacrificios.1
Una crítica similar es formulada por el almirante Mahan.2
De la misma manera que el Spectator de Londres, aun admitiendo la verdad de los principios expuestos en la primera parte de este libro, considera que tales hechos no afectan seriamente la causa fundamental de la guerra:
Del mismo modo que los individuos se pelean entre sí, y luchan con tanta saña como la policía y los tribunales se lo permiten, no porque crean que eso los hará ricos, sino porque se calientan los ánimos y quieren defender lo que consideran sus derechos, o vengarse de los agravios que creen haber sufrido por parte de sus semejantes, así lucharán las naciones, aun cuando sea demostrable que no obtendrán con ello ningún beneficio material... Quieren a veces libertad, a veces poder. A veces se apoderan de ellos la pasión por la expansión o el dominio. A veces parecen impulsados a luchar por el mero hecho de luchar o, como dicen vagamente sus líderes y oradores, para cumplir sus destinos... Los hombres luchan a veces por amor a la lucha, a veces por causas grandes y nobles, y a veces por malas causas, pero prácticamente nunca con un libro de cuentas y un balance en la mano.
Deseo dar todo el peso posible a este alegatoy no eludir un solo detalle de él, y creo que las páginas siguientes cubren cada uno de los puntos aquí planteados.