opuesto firmemente a cualquier intención de este tipo. Ahora bien, los hechos tienen que ser tergiversados de este modo para producir ese estado de ánimo que propicia la guerra. Si los hechos se exponen correctamente, no surge tal estado de ánimo.
¿Qué tiene que decir un alemán especialmente competente ante la generalización del Sr. Blatchford? El Sr. Fried, editor de Die Friedenswarte, escribe:
No hay un solo pueblo alemán, ni una sola Alemania... Hay contrastes más abruptos entre alemanes y alemanes que entre alemanes e indios. Es más, las contradicciones dentro de Alemania son mayores que las que existen entre los alemanes y los componentes de cualquier otra nación extranjera. Podría ser posible realizar esfuerzos para promover el buen entendimiento entre alemanes e ingleses, entre alemanes y franceses, organizar visitas entre nación y nación; pero será eternamente imposible poner en marcha tales esfuerzos de entendimiento entre los socialdemócratas alemanes y los *junkers* prusianos, entre los antisemitas alemanes y los judíos alemanes.72
La desaparición de la mayor parte de la hostilidad internacional no depende de nada más intrincado que de la constatación de hechos que son poco más complejos que el conocimiento geográfico que nos permite ver que la ira del paleto es absurda cuando golpea a un francés porque un italiano lo ha estafado.
Puede argumentarse que jamás ha existido en el pasado esa identificación entre un pueblo y los actos de su Gobierno que hacía lógico el odio de un país hacia otro, y sin embargo ese odio ha surgido. Eso es verdad; pero recientemente han intervenido ciertos factores nuevos para modificar este problema. * Uno es que nunca en la historia del mundo las naciones han sido tan complejas como lo son