resistiré; si no lo hiciera, estaría permitiendo que la fuerza los resuelva». Yo ataco; tú me atacas, me desarmas y dices: «Habiendo neutralizado mi fuerza a la tuya y establecido ya el equilibrio, escucharé cualquier razón que puedas aducir para que yo te pague dinero o cualquier argumento a favor de tu credo. La razón, el entendimiento y el acuerdo lo resolverán». Serías un pacifista. O, si consideras que esa palabra connota la no resistencia —aunque para la inmensa mayoría de los pacifistas no sea así—, serías un antibelicista, por usar una palabra horrible acuñada por M. Émile Faguet en el debate de este asunto. Si, sin embargo, dijeras: «Habiendo te desarmado y establecido el equilibrio, ahora lo alteraré a mi favor quitándote el arma y usándola contra ti a menos que me des tu cartera y te suscribas a mi credo. Hago esto porque solo la fuerza puede determinar los resultados y porque es una ley de la vida que el fuerte devore al débil», entonces serías un belicista.
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Apéndice sobre acontecimientos recientes en Europa
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