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nydus/The Great IllusionPublic
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Capítulo I. Exposición de los argumentos económicos a favor de la guerra

Son, de hecho, naciones independientes aliadas con la metrópoli, a la que no aportan ningún tributo ni beneficio económico (salvo en la medida en que las naciones extranjeras aportan beneficios), ya que sus relaciones económicas son fijadas, no por la metrópoli, sino por las colonias. Económicamente, Inglaterra saldría ganando con su separación formal, puesto que se vería liberada del coste de su defensa. Su «pérdida», al no implicar por tanto ningún cambio en la realidad económica (más allá de ahorrarle a la metrópoli el coste de su defensa), no podría acarrear la ruina del Imperio ni el hambre de la metrópoli, como suelen afirmar quienes abordan habitualmente tal contingencia.

Como Inglaterra no es capaz de exigir tributos o ventajas económicas, resulta inconcebible que cualquier otro país, necesariamente con menos experiencia en la gestión colonial, fuera capaz de triunfar donde Inglaterra fracasó, especialmente a la luz de la historia pasada de los imperios coloniales español, portugués, francés y británico.

Esta historia también demuestra que la posición de las colonias de la Corona británica, en el aspecto que estamos considerando, no difiere sensiblemente de la de aquellas que se gobiernan a sí mismas.

No debe, por lo tanto, presumirse que ninguna nación europea, al percatarse de los hechos, intentaría el desesperadamente costoso negocio de la conquista de Inglaterra con el propósito de realizar un experimento que toda la historia colonial demuestra estar condenado al fracaso.

Las proposiciones precedentes recorren suficientemente el terreno abarcado en la serie de aquellas declaraciones típicas de política, tanto inglesa como alemana, de las que he citado. La simple exposición de estas proposiciones, basadas como están en los hechos evidentes por sí mismos de la política europea actual, expone suficientemente la naturaleza de aquellos axiomas políticos que he citado.

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