Pero está en manos —como garantía y de otras formas— de muchas instituciones bancarias importantes, compañías de seguros, etcétera, y este repentino colapso del valor destroza su solvencia. Su colapso no solo afecta a muchas instituciones de crédito en Alemania, sino que, como estas a su vez son importantes deudoras de Londres, las instituciones inglesas también se ven implicadas.
Londres también está implicada de otra manera. Como se explicó anteriormente, muchas empresas extranjeras mantienen saldos en Londres y, al haber precipitado la acción del Gobierno británico una crisis monetaria en Alemania, hay una avalancha sobre Londres para retirar todos los saldos. En un doble sentido, Londres está sufriendo el apuro, y sería un milagro si ya en este punto no se hubiera volcado toda la influencia de las finanzas británicas en contra de la acción del Gobierno británico.
Supongamos, sin embargo, que el Gobierno, haciendo de tripas corazón, continúa con la administración de la propiedad y procede a gestionar préstamos con el fin de ponerla una vez más en buenas condiciones tras los estragos de la guerra.
Los bancos, no obstante, al descubrir que los títulos originales se han convertido en papel mojado por la acción del Gobierno británico, y habiéndose ya quemado los financieros británicos con esa clase particular de propiedad, retiran su apoyo, y el dinero solo puede conseguirse a unos tipos de interés usurarios; tan usurarios que resulta bastante evidente que, como empresa gubernamental, el asunto no podría hacerse rentable.
Se intenta vender la propiedad a empresas británicas y alemanas. Pero la misma sensación paralizante de inseguridad se cierne sobre todo el asunto. Ni los financieros alemanes ni los británicos pueden olvidar que los bonos y acciones de esta propiedad ya han sido convertidos en papel mojado por la acción del Gobierno británico. El Gobierno británico