Da la casualidad de que el escritor estuvo en contacto tanto con españoles como con estadounidenses en la época de la guerra, y recuerda bien el desprecio con el que los españoles se referían a la noción de que los pork-butchers (carniceros de cerdos) yanqui pudieran conquistar a una nación de su tradición militar, y a la idea de que unos comerciantes estuvieran jamás a la altura de la soldadesca y el orgullo de la vieja España. Y la opinión francesa no era muy distinta.41
Poco después de la guerra escribí en una revista estadounidense lo siguiente: