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nydus/The Great IllusionPublic
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Capítulo I El caso psicológico de la guerra

(Por favor, por favor, querido lector, no diga que estoy difamando al soldado británico. Estoy citando a un oficial británico, y a un oficial británico que, además, simpatiza vivamente con la persona que acaba de describir).

Él añade:

¿Son el robo, la mentira, el pillaje y las conversaciones bestiales cosas muy malas? Si lo son, Tommy es un mal hombre. Pero por una u otra razón, desde que llegué a conocerlo, he pensado bastante menos en la iniquidad de estas cosas que antes.

No sé cuál de los dos pasajes que he citado constituye un comentario más llamativo sobre la influencia moral del entrenamiento militar: que dicho entrenamiento produzca el efecto que el capitán March Phillips describe, o (como dice el señor J.A. Hobson en su "Psicología del chovinismo" [Psychology of Jingoism]) que el segundo juicio sea emitido por un hombre de inmaculado carácter y cultura; a saber, el juicio de que robar, mentir, saquear y hablar como una bestia no importan.

¿Qué hecho constituye la condena más severa de la atmósfera ética del militarismo y del entrenamiento militar? ¿Cuál es el testimonio más convincente de las influencias corruptoras de la guerra?64

Haciendo justicia a los soldados, muy pocas veces esgrimen este argumento de que la guerra es una escuela de formación moral.

«La guerra en sí misma —dijo en cierta ocasión un oficial— es un asunto infernalmente sucio. Pero alguien tiene que hacer el trabajo sucio del mundo, y me alegra pensar que el oficio del soldado consiste en prevenir la guerra más que en hacerla».

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