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nydus/The Great IllusionPublic
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Capítulo I El caso psicológico de la guerra

nuestro prisionero para comérnoslo, y nos negábamos a compartirlo con nuestro prójimo, hasta el día en que el telégrafo y el banco han vuelto económicamente fútil la fuerza militar.

Pero lo anterior no incluye todos los hechos, ni todos los factores.

Si Rusia le infiere un daño a Inglaterra —hundir una flota pesquera en tiempo de paz, por ejemplo—, no constituye ninguna satisfacción para los ingleses salir a matar a un montón de franceses o irlandeses. Quieren matar rusos.

Si, no obstante, supieran un poco menos de geografía —si, por ejemplo, fueran bóxers chinos—, no importaría en lo más mínimo a quién matasen, porque para el chino todos son por igual «diablos extranjeros»; su conocimiento del caso no le permite diferenciar entre las distintas nacionalidades de europeos.

En el caso de un negro agraviado en el Congo, la responsabilidad colectiva es aún más amplia; por una afrenta infligida por un hombre blanco, se vengará de cualquier otro: estadounidense, alemán, inglés, francés, holandés, belga o chino.

A medida que aumenta nuestro conocimiento, nuestro sentido de la responsabilidad colectiva de los grupos ajenos se reduce. Pero en cuanto empezamos con esta diferenciación ya no hay parada posible. El paleto inglés se conforma con poder «darle una paliza a esos extranjeros» —los alemanes sirven si los rusos no están disponibles. El hombre más culto prefiere a los rusos; pero si se detiene un momento más, verá que al matar a campesinos rusos da lo mismo que matara a tantos hindúes, por lo que tenían que ver con el asunto. Entonces quiere vérselas con el gobierno ruso. Pero también muchos rusos —liberales, reformistas, etc.— quieren lo mismo.

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