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nydus/The Great IllusionPublic
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Capítulo I El caso psicológico de la guerra

¿Qué proceso, juzgado por todas las cosas que los hombres desean, da el mejor resultado, la fuerza física de sangre y hierro que vemos, o la fuerza intelectual o síquica que no podemos ver?

El principio que opera en la forma limitada que he indicado, opera con no menor fuerza en el dominio más amplio de la política internacional moderna.

La riqueza del mundo no está representada por una cantidad fija de oro o dinero en posesión ahora de una Potencia, y luego en posesión de otra, sino que depende de todas las múltiples actividades sin trabas de una comunidad por el momento. Coartese esa actividad, ya sea imponiendo tributos, o condiciones comerciales desventajosas, o una administración indeseada que provoca una estéril agitación política, y se obtiene menos riqueza; menos riqueza para el vencedor, así como menos para el vencido.

La formulación más amplia del caso es que toda experiencia —especialmente la experiencia indicada en el último capítulo— demuestra que en el comercio por libre consentimiento, que conlleva un beneficio mutuo, obtenemos mayores resultados por el esfuerzo desplegado que en el ejercicio de la fuerza física, la cual intenta arrancar ventajas para una parte a expensas de la otra.

No estoy volviendo a discutir la tesis de la primera parte de este libro; pero, como veremos en seguida, el principio general del factor decreciente de la fuerza física en los asuntos del mundo conlleva un cambio psicológico en la naturaleza humana que modifica radicalmente nuestros impulsos hacia el mero conflicto físico.

Lo que es importante tener en cuenta en este momento es la incalculable intensificación de esta disminución de la fuerza física por nuestro desarrollo mecánico. El principio era obviamente menos verdad para Roma que para la Gran Bretaña o América: Roma, por muy imperfectamente que fuera, vivía en

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