la cooperación entre las distintas partes del organismo sería imposible; propicia la desintegración. Debe ser reprimido, y mientras la policía use su fuerza para tal represión, simplemente está garantizando la cooperación. La policía no intenta arreglar las cosas por la fuerza; está impidiendo que las cosas se resuelvan de ese
Ahora, supongamos que esta fuerza policial se convierte en el ejército de un Poder político, y los diplomáticos de ese Poder le dicen a uno más pequeño:
«Los superamos en número; vamos a anexionarnos su territorio y ustedes van a pagarnos tributo».
Y el Poder más pequeño dice:
«¿Qué nos van a dar a cambio de ese tributo?».
Y el más grande responde:
«Nada. Ustedes son débiles; nosotros somos fuertes; nos los tragamos. Es la ley de la vida; siempre ha sido así y siempre lo será hasta el final».
Ahora que la policía, convertida en un ejército, ya no obra en pro de la cooperación; ha ocupado simple y llanamente el lugar de los bandidos; y aproximar dicho ejército a una fuerza policial, y decir que dado que ambas operaciones implican el empleo de la fuerza ambas se encuentran igualmente justificadas, es ignorar la mitad de los hechos, y ser culpable de esas generalizaciones perezosas que asociamos con la barbarie.52
Pero la diferencia es algo más que moral. Si el lector vuelve a examinar el pequeño boceto aludido más arriba, probablemente coincidirá en que los diplomáticos de la mayor potencia están actuando de manera extraordinariamente estúpida.