(1) Esta guerra ha justificado tanto el viejo como el nuevo pacifismo. Es un hecho admitido universalmente que los acontecimientos han demostrado que los pacifistas que se opusieron a la Guerra de Crimea tenían razón y sus oponentes estaban equivocados. Si la opinión pública hubiera prestado más atención a aquellos principios pacifistas, este país no habría «apoyado al caballo ganador equivocado» y esta guerra, dos guerras que la han precedido y muchas de las abominaciones de las que la península balcánica ha sido escenario durante los últimos 60 años podrían haberse evitado. En cualquier caso, Gran Bretaña no cargaría ahora sobre sus hombros con la responsabilidad de haber apoyado durante medio siglo al turco contra el cristiano y de haber intentado inútilmente impedir lo que ahora ha sucedido: la ruptura del dominio del turco en Europa. (2) La guerra no es imposible, y ningún pacifista responsable ha dicho jamás que lo fuera; lo que es una ilusión no es la probabilidad de la guerra, sino sus beneficios. (3) Es probable o improbable según que las partes en litigio se dejen guiar por la sabiduría o por la insensatez. (4) *Es* fútil y la fuerza no es ningún remedio. (5) Su inutilidad queda probada por la guerra librada a diario por los turcos como conquistadores durante los últimos 400 años. Y si los pueblos balcánicos eligen el mal menor entre dos tipos de guerra y utilizan su victoria para poner fin a un sistema basado en la fuerza y la conquista, quienes no creemos en la fuerza ni en la conquista nos regocijaremos de su acción y creeremos que logrará inmensos beneficios. Pero si, en lugar de utilizar su victoria para eliminar la fuerza, confían a su vez en ella, continúan utilizándola los unos contra los otros y explotan por medio de ella a las poblaciones que gobiernan; si no se convierten en los organizadores de la cooperación social entre los pueblos balcánicos, sino meramente, como los turcos, en sus conquistadores y «dueños», entonces compartirán a su vez la suerte de los turcos. (6) Las causas fundamentales de esta guerra son económicas, tanto en el sentido más estricto como en el más amplio del término; en el primero porque la conquista era el único oficio del turco: deseaba vivir de los impuestos arrancados a un pueblo conquistado, explotarlo como medio de subsistencia, y esta concepción estaba en la raíz de la mayor parte del mal gobierno turco. Y en el sentido más amplio su causa es económica porque en los Balcanes, geográficamente alejados de la corriente principal del desarrollo económico europeo, no ha crecido esa vida social interdependiente, esos innumerables contactos que en el resto de Europa han hecho tanto por atenuar los primitivos odios religiosos y raciales. (7) Una mejor comprensión por parte del turco de la verdadera naturaleza del gobierno civilizado, de la futilidad económica de la conquista, del hecho de que un medio de subsistencia (un sistema económico) basado en tener más fuerza que los demás y utilizarla implacablemente contra ellos es una forma imposible de relación humana destinada al fracaso, *habría* mantenido la paz. (8) Si la política estatal europea no hubiera estado animada por falsas concepciones, en gran parte de origen económico, basadas en la creencia en la rivalidad necesaria de los Estados, en las ventajas de la fuerza preponderante y de la conquista, las naciones occidentales podrían haber zanjado sus disputas y acabado con las abominaciones de la península balcánica hace mucho tiempo, incluso en opinión del *Times*. Y es nuestra propia política estatal —la de Gran Bretaña— la que tiene una gran parte de la responsabilidad en este fracaso de la civilización europea. Nos ha llevado a sostener al turco en Europa, a librar una guerra grande y popular con ese objetivo, y nos ha abocado a tratados que, de haberse cumplido, nos habrían obligado hoy a luchar del lado del turco contra los Estados balcánicos. (9) Si por «teorías» y «lógica» se entiende la discusión y el interés por los principios, las ideas que rigen las relaciones humanas, son las únicas cosas que pueden evitar futuras guerras, del mismo modo que fueron las únicas cosas que pusieron fin a las guerras religiosas —sin que un poder preponderante que «imponga» la paz desempeñe papel alguno en ello—. Del mismo modo que fueron falsas teorías religiosas las que provocaron las guerras religiosas, así son falsas teorías políticas las que provocan las guerras políticas. (10) La guerra solo es inevitable en el sentido en que otras formas de error y pasión —la persecución religiosa, por ejemplo— son inevitables; cesan con un mejor entendimiento, como ha cesado en Europa el intento de imponer la creencia religiosa por la fuerza. (11) No debemos prepararnos para la guerra; debemos prepararnos para evitar la guerra; y aunque esa preparación pueda incluir acorazados y servicio militar obligatorio, esos elementos harán obviamente que la tensión y el peligro sean mayores a menos que exista también una mejor opinión europea.
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Apéndice sobre acontecimientos recientes en Europa
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