obtener ninguna ventaja política ni ganancia de ningún tipo. Aparentemente, Alemania reconoce que la agresión no solo carece de cualquier resultado útil, sino que además resulta onerosa y costosa; sin embargo, está decidida a emprenderla para que, aunque ella sufra, ¡alguien más sufra todavía más!4
Al igual que el Daily Mail y el Times de Londres, el almirante Mahan no logra comprender esta «perogrullada», que constituye la base de la relación entre la defensa y la agresión.
Así, en su crítica de este libro, cita la posición de Gran Bretaña durante la era napoleónica como prueba de que la ventaja comercial acompaña a la posesión de un poder militar preponderante en el siguiente pasaje:
Gran Bretaña debía entonces su superioridad comercial al control armado del mar, que había resguardado su comercio y su tejido industrial de las agresiones del enemigo.
Ergo, la fuerza militar tiene valor comercial, un resultado al que se llega mediante este método: al decidir un caso compuesto por dos partes, se ignora