Puedo considerar a los científicos cristianos, o a los adventistas del séptimo día, o a los espiritistas, como personas muy necias y, hasta cierto punto, personas perjudiciales; pero si se presentara una ley parlamentaria para su supresión mediante la fuerza física, yo me opondría a dicha ley con toda la energía de la que fuera capaz. ¿De qué manera son contradictorias ambas actitudes? Son las actitudes, según entiendo, de los hombres educados en todo el mundo.
El hecho carece de importancia, y apenas guarda relación con este tema, pero considero que ciertas concepciones inglesas de la vida relacionadas con cuestiones de derecho, hábitos sociales y filosofía política son infinitamente preferibles a las alemanas, y si pensara que tales concepciones exigían una defensa indefinida mediante grandes armamentos, este libro jamás se habría escrito.
Pero sostengo el punto de vista de que la idea de tal necesidad se basa en una completa ilusión, no solo porque, como cuestión de hecho actual, y aun en el estado presente de la filosofía política, Alemania no tiene la menor intención de hacernos la guerra para cambiar nuestras nociones de derecho o literatura, arte u organización social, sino también porque, si tuviera tal intención, se fundamentaría en ilusiones de las que tarde o temprano tendría que desprenderse, ya que la política alemana no podría resistir indefinidamente la influencia de una actitud europea general sobre tales asuntos, del mismo modo que a ningún Estado europeo grande y activo le ha sido posible mantenerse al margen del movimiento europeo que ha condenado la política de intentar imponer la creencia religiosa mediante la fuerza física del Estado.
Y consideraría como una parte esencial de la labor de defensa el contribuir a la firme instauración de dicha doctrina europea, una parte de la labor de defensa tan importante como lo sería seguir construyendo acorazados hasta que Alemania se hubiera adherido a ella.