La única manera de que estas verdades afecten la política, de que se vuelvan operativas en la conducta de las naciones, es haciéndolas operativas en las mentes de los hombres; *por lo tanto*, la discusión sobre ellas es inútil. Nuestros problemas surgen de las ideas erróneas de las naciones; *por lo tanto*, las ideas no cuentan; son «teorías». La concepción general y la comprensión en este asunto son vagas e imprecisas, de modo que la acción corre siempre el peligro de ser decidida por la pura pasión y el irracionalismo; *por lo tanto*, no haremos nada para lograr que la comprensión sea clara y precisa. El imperio del puro impulso, de lo no racional, es más fuerte cuando se asocia con la ignorancia (*p. ej.*, el fanatismo mahometano, el movimiento de los bóxers en China), y solo cede ante el progreso general de las ideas (*p. ej.*, nociones religiosas más sensatas que barrieron con el odio y los horrores de la persecución religiosa); *por lo tanto*, la mejor manera de mantener la paz es no prestar atención al progreso de las ideas políticas. El progreso de las ideas ha transformado por completo el sentimiento religioso en la medida en que este determina la política de un grupo religioso en relación con otro; *por lo tanto*, el progreso de las ideas nunca transformará el sentimiento patriótico, que determina la política de un grupo político en relación con otro.
¿En qué se reduce, en suma, el argumento de mis críticos? > A esto: que es tan lento, tan estúpido el mundo que, aunque los hechos