que participa a veces de la naturaleza de una ilusión óptica, a veces de la naturaleza de una superstición; una concepción errónea no solo grave y universal, sino tan profundamente perjudicial como para desviar una inmensa parte de las energías de la humanidad, y desviarlas hasta tal punto que, a menos que nos liberemos de esta superstición, la propia civilización se verá amenazada.
Y uno de los rasgos más extraordinarios de toda esta cuestión es que la demostración absoluta de la falsedad de esta idea, la completa exposición de la ilusión que le da vida, no es ni abstrusa ni difícil.
Esta demostración no se apoya en ningún teorema elaboradamente construido, sino en la simple exposición de los hechos políticos de Europa tal como existen hoy en día.
Estos hechos, que son incontrovertibles y que expondré en detalle a continuación, pueden resumirse en unas pocas proposiciones sencillas enunciadas así:
- Una magnitud de devastación, incluso aproximada a la que el Sr. Harrison pronostica como resultado de la conquista de Gran Bretaña, solo podría ser infligida por un invasor como medio de castigo costoso para él mismo, o como resultado de un deseo desinteresado y costoso de infligir miseria por el mero placer de infligirla. Dado que el comercio depende de la existencia de riqueza natural y de una población capaz de trabajarla, un invasor no puede «destruirla por completo», excepto destruyendo a la población, lo cual no es factible. Si pudiera destruir a la población, destruiría con ello su propio mercado, actual o potencial, lo cual sería comercialmente suicida.6
- Si una invasión de Gran Bretaña por parte de Alemania supusiera, como afirman el Sr. Harrison y quienes piensan como él, el «colapso total del Imperio, de nuestro comercio y de los medios para alimentar a cuarenta millones en estas islas... la