Ni lo más mínimo en el mundo; la raza inferior no solo sobrevive, sino que se le concede una prórroga vital en virtud de la conquista. Si alguna vez el asiático amenaza a la raza blanca, será gracias en no pequeña parte a la labor de conservación de la raza que las conquistas de Inglaterra en el Oriente han conllevado. La guerra, por lo tanto, no favorece la eliminación de los no aptos y la supervivencia de los aptos. Sería más verídico decir que favorece la supervivencia de los no aptos.
¿Cuál es el verdadero proceso de la guerra? Seleccionas cuidadosamente de la población general de ambos bandos a los más sanos, a los más robustos, a los física y mentalmente más aptos, a aquellos que poseen precisamente las cualidades viriles y varoniles que deseas preservar, y, habiendo seleccionado así a la élite de las dos poblaciones, los exterminas mediante la batalla y la enfermedad, y dejas que lo peor de ambos bandos se amalgame en el proceso de la conquista o de la derrota —porque, en lo que concierne a la amalgama final, ambos procesos tienen el mismo resultado— y a partir de esta amalgama de lo peor de ambos bandos creas la nueva nación o la nueva sociedad que ha de perpetuar la raza.
Aun suponiendo que la nación mejor gane, el hecho de la conquista resulta únicamente en la absorción de las cualidades inferiores de la nación vencida —inferiores presumiblemente por haber sido vencida, e inferiores porque hemos eliminado a su flor y nata seleccionada y absorbido el resto, puesto que ya no exterminamos a las mujeres, a los niños, a los ancianos y a los demasiado débiles o enfermizos para ir al ejército.38
No se necesita más que continuar este proceso el tiempo suficiente y con la suficiente persistencia para erradicar por completo de ambos lados al tipo de hombre en quien únicamente podemos confiar para la conservación de la virilidad, el vigor físico y la fortaleza.