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nydus/The Great IllusionPublic
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Capítulo I. Exposición de los argumentos económicos a favor de la guerra

Eliminen el consumo, y eliminarán los beneficios. Esta deslumbrante riqueza, que tanto tentó al invasor, ha desaparecido. Si esto no es intangibilidad, la palabra no tiene significado.

Hablando en términos amplios y generales, el conquistador de nuestros días tiene ante sí dos alternativas:

  • dejar las cosas como están, y para hacer eso no habría necesitado abandonar sus costas;
  • o intervenir mediante la confiscación de alguna forma, en cuyo caso seca la fuente de la ganancia que lo tentó.

El economista puede objetar que esto no abarca el caso de beneficios tales como la «renta económica», y que, dado que los dividendos o beneficios forman parte del intercambio, un ladrón que obtiene riqueza sin intercambio puede permitirse ignorarlos; o que el aumento del consumo de la comunidad inglesa desposeída se compensaría con el aumento del consumo de los alemanes «propietarios».

Si el control político de las operaciones económicas fuera un asunto tan simple como por lo general nos lo figuramos, estas objeciones serían válidas. Tal como están las cosas, ninguna de ellas invalidaría en la práctica la proposición general que he establecido.

La división del trabajo en el mundo moderno es tan compleja —instando la operación más sencilla del comercio exterior no meramente a dos naciones, sino a muchas— que el mero control militar de una de las partes en una operación donde muchas están involucradas no podría garantizar ni el cambio en el consumo ni la monopolización del beneficio dentro de los límites del grupo conquistador.

He aquí a un fabricante alemán que vende aparatos cinematográficos a un suburbio de Glasgow (el cual, por cierto, vive de vender herramientas

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