En los últimos dos mil años ha cambiado más que en los doscientos noventa y ocho mil precedentes, y en cien ha cambiado más, tal vez, que en los dos mil anteriores.
La comparación se vuelve más comprensible si la reducimos a horas. Durante, digamos, cincuenta años el hombre fue un salvaje caníbal o un animal salvaje, cazando a otros animales salvajes, y luego, en el espacio de tres meses, se convirtió en John Smith de Des Moines, asistiendo a la iglesia, aprobando leyes, usando el teléfono, etcétera.
Esa es la historia de la humanidad europea.
Y ante esto, los sabelotodo hablan con suficiencia y lo establecen como un hecho evidente por sí mismo y demostrable de que la guerra interestatal, que, debido a la mecánica de nuestra civilización, no logra nada y no puede lograr nada, será por siempre inexpugnable porque, una vez que el hombre ha adquirido el hábito de hacer algo, seguirá haciéndolo, aunque la razón que en un principio lo motivó haya desaparecido hace mucho tiempo; debido, en suma, a la «inmutabilidad de la naturaleza humana».
# CAPÍTULO IV
# ¿HEREDAN LAS NACIONES BELICOSAS LA TIERRA?
El seguro dogmatismo de los escritores militaristas sobre este tema—Los hechos—Las lecciones de la América española—Cómo la conquista propicia la supervivencia de los no aptos—El método español y el método inglés en el Nuevo Mundo—Las virtudes del entrenamiento militar—El caso Dreyfus—La amenazada germanización de Inglaterra—«La guerra que hizo grande a Alemania y pequeños a los alemanes».