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nydus/The Great IllusionPublic
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Capítulo I El caso psicológico de la guerra

Y por una razón muy sencilla: una razón que revela en forma rudimentaria ese principio de la futilidad económica del poder militar con el que estamos lidiando.

El fenómeno se ilustra mejor con un caso concreto. Si uno va hoy a uno de los despotismos independientes de Asia Central, encontrará por lo general un cuadro de la más abyecta pobreza.

¿Por qué? Porque el gobernante tiene poder absoluto para tomar la riqueza siempre que la ve, para tomarla por cualquier medio que sea —tortura, muerte— hasta el límite más completo de la fuerza física desenfrenada.

¿Cuál es el resultado? La riqueza no es creada, y la tortura en sí misma no puede producir algo que no existe.

Crucemos la frontera hacia un Estado bajo protección británica o rusa, donde el Kan tiene algún tipo de límites impuestos a sus poderes. La diferencia es inmediatamente perceptible: indicios de riqueza y bienestar en relativa profusión y, en igualdad de condiciones, el gobernante cuya fuerza física sobre sus súbditos es limitada es mucho más rico que el gobernante cuya fuerza física sobre sus súbditos es ilimitada.

En otras palabras, cuanto más se aleja uno de la fuerza física en la adquisición de riqueza, mayor es el resultado por el esfuerzo desplegado. En un extremo de la escala se obtiene al déspota enharrapado, que ejerce su dominio sobre un territorio probablemente rico en potencia, reducido a tener que matar a un hombre mediante la tortura para obtener una suma que en el otro extremo de la escala un comerciante londinense gastará en una cena en un restaurante con el fin de sentarse a la mesa con un duque —o la milésima parte de la suma que el mismo comerciante gastará en filantropía o de otro modo, con el fin de adquirir un título vano de un monarca que ha perdido todo poder de ejercer cualquier fuerza física en absoluto—.

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