Pero las naciones extranjeras no tienen necesidad de mantener el orden en las colonias británicas, ni en los Estados Unidos; y aunque pudiera haber cierta necesidad de ese tipo en el caso de países como Venezuela, los últimos años nos han enseñado que al incorporar estos países a las grandes corrientes económicas del mundo, y crear así en ellos todo un conjunto de intereses favorables al orden, se puede lograr más que mediante la conquista por la fuerza. Oímos ocasionalmente rumores sobre designios alemanes en Brasil y en otras partes, pero incluso el mínimo de educación que posee el estadista europeo promedio le deja claro que estas naciones están, como las demás, «demasiado firmemente establecidas» para la ocupación militar y la conquista por un pueblo extranjero.
Es uno de los caprichos de todo el conflicto anglogermano que el público británico se haya ocupado tanto de los mitos y los fantasmas del asunto que parece haber ignorado con total calma las realidades.
Si bien hasta el pangermano más exaltado ha puesto jamás sus ojos en dirección a Canadá, los ha puesto, y los pone, en dirección a Asia Menor; y las actividades políticas de Alemania pueden centrarse en esa zona, precisamente por las razones que se derivan de la distinción entre labor policial y conquista que he establecido.
La industria alemana está pasando a tener intereses dominantes en Próximo Oriente, y a medida que esos intereses —sus mercados y sus inversiones— aumentan, la necesidad de un mejor orden y una mejor organización en esos territorios aumenta en la correspondiente medida. Es posible que Alemania necesite ejercer funciones policiales en Asia Menor.
¿Qué interés tenemos en intentar impedírselo? Podría argumentarse que cerraría los mercados de esos territorios a nuestros productos. Pero incluso si lo intentara, cosa que nunca es probable que haga, un Asia