me ocupo bastará con llamar la atención sobre un fenómeno que es el resultado de todos esos factores y que es incuestionable, a saber: la interdependencia financiera del mundo moderno. Pero adelantaré aquí lo que pertenece más propiamente a una etapa posterior de este trabajo, y daré tan solo una pista sobre las fuerzas que son el resultado principal de un gran hecho: la división del trabajo intensificada por la facilidad de comunicación.
Cuando la división del trabajo estaba tan poco desarrollada que cada granja producía todo lo que necesitaba, no importaba en absoluto que una parte de la comunidad quedara aislada del mundo durante semanas y meses seguidos. Todos los vecinos de una aldea o granja podían ser masacrados u hostigados, y no se derivaba de ello ningún inconveniente.
Pero si hoy en día un condado inglés queda aislado por una huelga general ferroviaria durante tan solo cuarentara y ocho horas del resto del organismo económico, sabemos que enteras secciones de su población se ven amenazadas por la hambruna.
Si en la época de los daneses, Inglaterra hubiera podido por arte de magia matar a todos los extranjeros, cabe presumir que habría estado en mejor situación. Si pudiera hacer lo mismo hoy, la mitad de su población moriría de hambre.
Si a un lado de la frontera una comunidad es, por ejemplo, productora de trigo, y al otro productora de carbón, cada una depende, para su propia existencia, del hecho de que la otra pueda llevar a cabo su labor.
El minero no puede ponerse en una semana a cultivar una cosecha de trigo; el agricultor debe esperar a que su trigo crezca y, mientras tanto, alimentar a su familia y a sus dependientes.
El intercambio aquí implicado debe continuar, y cada parte debe tener la justa expectativa de que a su debido tiempo podrá cosechar los frutos de