Mano Roja, furiosos por su traición, intentaron atentar contra su vida en dos ocasiones. Finalmente, agitaron al país hasta tal punto que estalló una revolución en la cual perecieron tanto el rey como la reina. Sus cuerpos, horriblemente mutilados y apenas reconocibles, fueron recuperados, dando fe de la furia del pueblo contra la reina plebeya y extranjera.
“Ahora bien, en todo esto, parece seguro que la reina Varaga todavía seguía en componendas con su aliado, el rey Víctor.
Es posible que el audaz plan fuera suyo desde el principio. Lo que se sabe es que ella continuó carteándose con él, en clave secreta, desde la corte de Herzoslovakia.
Por seguridad, las cartas estaban escritas en inglés y firmadas con el nombre de una dama inglesa que se encontraba entonces en la Embajada. De haberse hecho alguna averiguación y de haber negado la dama en cuestión su firma, es posible que no se la hubiera creído, pues las cartas eran las de una mujer culpable a su amante.
Fue su nombre el que usó, señora Revel”.
—Ya lo sé —dijo Virginia—. Su color iba y venía de manera desigual—. ¡Así que esa es la verdad de las cartas! Me lo he preguntado una y otra vez.
—¡Qué jugada tan canalla! —exclamó Bill con indignación.
“Las cartas iban dirigidas al capitán O'Neill a sus habitaciones en París, y su propósito principal tal vez pueda ser aclarado por un curioso hecho que salió a la luz más tarde. Tras el asesinato del rey y la reina, muchas de las joyas de la corona que habían caído, por supuesto, en manos de la turba, terminaron en París, y se descubrió que en nueve de cada diez casos las piedras principales habían sido reemplazadas por bisutería —y miren que había algunas piedras muy famosas entre las joyas de Herzoslovaquia.