La señal roja
El superintendente Battle estaba de pie en la biblioteca de Wyvern Abbey.
George Lomax, sentado ante un escritorio rebosante de papeles, fruncía el ceño de manera portentosa.
El superintendente Battle había abierto el acto presentando un informe breve y práctico. Desde entonces, la conversación había corrido casi en su totalidad por cuenta de George, y Battle se había limitado a dar respuestas breves y por lo general monosilábicas a las preguntas del otro.
En el escritorio, frente a George, estaba el paquete de cartas que Anthony había encontrado en su tocador.
—No lo entiendo en absoluto —dijo George con irritación mientras cogía el paquete—. ¿Dices que están en código?
—Así es, señor Lomax.
—¿Y dónde dice que los ha encontrado?, ¿en su cómoda?
Battle repitió, palabra por palabra, el relato de Anthony Cade sobre cómo había recuperado la posesión de las cartas.
—¿Y se los trajo a usted enseguida? Me parece muy correcto, muy correcto. Pero ¿quién pudo haberlos puesto en su habitación?
Battle negó con la cabeza.