“Vino a nosotros, ya ve, hace unos tres meses. Un camarero experto y con experiencia. Ha causado completa satisfacción. Lleva en Inglaterra unos cinco años”.
Juntos, los dos hombres repasaron una lista de los hoteles y restaurantes en los que el italiano había trabajado.
Un hecho le llamó la atención a Anthony por considerarlo posiblemente significativo. En dos de los hoteles en cuestión se habían producido robos graves durante el tiempo que Giuseppe estuvo empleado allí, aunque en ninguno de los dos casos había recaído sobre él ningún tipo de sospecha.
Aun así, el hecho era significativo.
¿Era Giuseppe meramente un hábil ladrón de hoteles? ¿Había sido su registro de la maleta de Anthony simplemente parte de sus tácticas profesionales habituales?
Cabía la remota posibilidad de que tuviera el paquete de cartas en la mano en el momento en que Anthony encendió la luz, y lo hubiera metido en el bolsillo de manera mecánica para tener las manos libres. En tal caso, el asunto no pasaba de ser un vulgar robo corriente y moliente.
Frente a eso, había que sopesar la excitación del hombre la noche anterior al ver los papeles sobre la mesa.
No había allí dinero ni objeto de valor alguno como para despertar la codicia de un ladrón común.
No, Anthony se sentía convencido de que Giuseppe había estado actuando como instrumento de alguna agencia externa. Con la información que le había proporcionado el gerente, tal vez fuera posible averiguar algo sobre la vida privada de Giuseppe y, de ese modo, dar finalmente con su paradero. Recogió la hoja de papel y se puso en pie.