CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
nydus/The King in YellowPublic
EspañolEnglish
Página 104 de 334
Table of Contents

II

A la mañana siguiente, Thomas, el botones, me trajo el Herald y una pequeña novedad. La iglesia de al lado había sido vendida. Doy gracias al cielo por ello; no es que, siendo católico, sintiera repugnancia hacia la congregación vecina, sino porque tenía los nervios destrozados por un vocinglero predicador cuyas palabras resonaban en la nave de la iglesia como si estuvieran en mi propia habitación, y que recalcaba las erres con una persistencia nasal que repugnaba a todos mis instintos.

Luego, además, había un demonio con forma humana, un organista, que interpretaba algunos de los grandes y viejos himnos con un estilo propio, y yo anhelaba la sangre de una criatura capaz de tocar la doxología con una modificación de acordes menores que solo se escucha en un cuarteto de universitarios muy jóvenes.

Creo que el ministro era un buen hombre, pero cuando bramaba: «¡Y el Señoour dijo a Moisés: el Señoour es varón de guerra; Señoour es su nombre. ¡Se encenderá mi ira, y os mataré a espaada!», me preguntaba cuántos siglos de purgatorio harían falta para expiar semejante pecado.

—¿Quién compró la propiedad? —le pregunté a Thomas.

—Que yo sepa nadie, señor. Dicen que el caballero que es dueño de estos aquí apartamentos Ámilton estado echándole un ojo. Puede que esté construyendo más estudios.

Me dirigí a la ventana. El joven de rostro enfermizo estaba junto a la verja del cementerio, y con el solo hecho de verle, la misma repugnancia abrumadora se apoderó de mí.

—A propósito, Thomas —dije—, ¿quién es ese tipo de ahí abajo?

104