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nydus/The King in YellowPublic
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III

Sus ojos eran claros y brillantes, y le devolvió la sonrisa, repitiendo: «¿Por qué no?».

—Tiene gracia —murmuró ella, inclinando la cabeza.

¿Por qué?

Pero ella no contestó, y se quedó en silencio, trazando curvas y círculos en el polvo con su sombrilla. Al cabo de un rato él dijo:

—Me alegra ver que la gente joven tiene tanta libertad aquí. Tenía entendido que los franceses no eran para nada como nosotros. Ya sabes que en América —o al menos donde yo vivo, en Milbrook—, las chicas tienen toda la libertad: salen solas y reciben a sus amigos solas, y temía echarlo de menos aquí. Pero ya veo cómo es la cosa, y me alegra haberme equivocado.

Ella levantó los ojos hacia los suyos y los mantuvo allí.

Él continuó amablemente:

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