Convento, tomó del brazo a Hastings y cruzó arrastrando los pies la calle hasta una verja de hierro que llevaba el número 201 bis pintado en blanco sobre fondo azul. Debajo de esto había un aviso impreso en inglés:
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Para Porter por favor oprima una vez.
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Para Servant por favor oprima dos veces.
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Para Parlour por favor oprima tres veces.
Hastings tocó el botón eléctrico tres veces, y una doncella pulcra los hizo pasar por el jardín hacia la sala.
La puerta del comedor, justo enfrente, estaba abierta, y de la mesa a la vista se levantó apresuradamente una mujer corpulenta que se acercó a ellos. Hastings alcanzó a ver a un joven de cabeza grande y a varios ancianos dados al rapé desayunando, antes de que la puerta se cerrara y la mujer corpulenta entrara en la habitación a paso de pato, trayendo consigo un aroma a café y un caniche negro.
—¡Es un plaisir to you receive! —exclamó—. ¿Monsieur es Anglish? ¿No? ¿Americain? Off course. Mi pensión it ees para Americains surtout. Aquí todos spik Angleesh, c’est à dire, ze personal; ze sairvants do spik, plus ou moins, a little. Estoy feliz de tenerle comme pensionnaires—
“Madame”, empezó el doctor Byram, pero fue interrumpido de nuevo.
“Ah, sís, ya sé, ¡ah! ¡mon Dieu! usted no habla francés, ¡pero ha venido a aprender! Mi marido sí habla francés con ze pensionnaires. Tenemos en este moment a una familia Americaine que aprende de mi marido francés—”
Aquí el caniche le gruñó al Dr. Byram y fue abofeteado de inmediato por su ama.