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nydus/The King in YellowPublic
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Table of Contents

V

«¡No, qué va! ¡Imagínate a un hombre pescando con boya y plomo cuando tiene una caña con mosca en la mano! ¡Tú vente conmigo!».

Allí donde el apacible y pequeño Ept fluye entre sus espesuras hacia el Sena, una orilla cubierta de césped ensombrece el refugio de los gobios, y en esta orilla se sentaban Colette y Jacqueline a charlar, reír y observar el movimiento de las boyas escarlata, mientras Hastings, con el sombrero sobre los ojos y la cabeza apoyada en un talud de musgo, escuchaba sus voces suaves y desanzuelaba con galantería al pequeño e indignado gobio cuando el destello de una caña y un grito medio reprimido anunciaban una pesca.

La luz del sol sefiltraba a través de las frondosas espesuras despertando al canto a las aves del bosque.

  • Urracas de impoluto blanco y negro revoloteaban pasando de largo, posándose cerca con un salto, un impulso y un coletazo.
  • Arrendajos azules y blancos con pechos rosados chillaban entre los árboles, y un halcón de vuelo raso giraba en círculos sobre los campos de trigo maduro, poniendo en fuga a bandadas de pajarillos de seto que gorjeaban.

Al otro lado del Sena, una gaviota cayó sobre el agua como una pluma. El aire era puro y quieto. Apenas se movía una hoja. Los sonidos de una granja lejana llegaban tenuemente, el chirriante cante de gallo y el sordo ladrido. De vez en cuando, un remolcador de vapor con una gran chimenea inclinada, que llevaba el nombre de Guêpe 27, surcaba el río arrastrando su interminable tren de gánguiles, o un velero descendía con la corriente hacia la adormecida Ruan.

Un débil y fresco olor a tierra y agua flotaba en el aire, y a través de la luz del sol, mariposas de puntas anaranjadas danzaban sobre la hierba del pantano, suaves mariposas aterciopeladasleteaban por los bosques musgosos.

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