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nydus/The King in YellowPublic
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Table of Contents

V

A Clifford le tomó un mes recuperarse por completo, aunque al finalizar la primera semana Elliott, que era una autoridad en la materia, lo declaró convaleciente, y su convalecencia se vio favorecida por la cordialidad con la que Rue Barrée correspondía a sus solemnes saludos. Cuarenta veces al día bendecía a Rue Barrée por su negativa y daba gracias a su buena estrella, y al mismo tiempo —¡oh, maravilloso corazón el nuestro!— sufría los tormentos del desdichado.

Elliott estaba irritado, en parte por la reticencia de Clifford, en parte por el inexplicable deshielo en la frigidez de Rue Barrée. En sus frecuentes encuentros, cuando ella, ligera por la Rue de Seine, con la cartera de partituras y el gran sombrero de paja, cruzaba su camino junto a Clifford y sus allegados que trazaban un rumbo este hacia el Café Vachette, y ante el respetuoso saludo de los muchachos se sonrojaba y le sonreía a Clifford, las sospechas latentes de Elliott se despertaban. Pero nunca averiguó nada y al final desistió por considerarlo más allá de su comprensión, limitándose a calificar a Clifford de idiota y reservándose su opinión sobre Rue Barrée. Y durante todo este tiempo Selby estuvo celoso. Al principio se negó a admitirlo ante sí mismo y abandonó el estudio para pasar un día en el campo, pero los bosques y los campos, por supuesto, empeoraron su caso, y los arroyos murmuraban sobre Rue Barrée y los segadores que se llamaban de un lado a otro del prado terminaban en un trémulo «¡Rue Bar-rée-e!». Ese día pasado en el campo lo mantuvo irritado durante una semana, y trabajó de mal humor en Julian’s, atormentado todo el tiempo por el deseo de saber dónde estaba Clifford y qué podría estar haciendo. Esto

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